La Terapia de la Polaridad es un programa sanitario holista diseñado por el Dr. Randolph Stone, austríaco (1890-1981). Me resulta interesante su historia, quien desde temprana edad comenzó a ganarse la vida como peón de campo en una granja, y para mantener sus estudios trabajaba en minas y tiendas de maquinaria o ferrocarriles. Pero con una marcada conducta de honestidad y ayudando a los que percibían escasos ingresos.

Siempre buscaba una comprensión profunda de su existencia estudiando diferentes enseñanzas ocultistas y esotéricas, filosofía, religiones de Oriente y Occidente incluidas las doctrinas del Cábala y la Hermética. Aprendió osteopatía, quiropráxia y naturopatía. Pasaba tiempo solitario contemplando a la Naturaleza y meditando. Estando insatisfecho con las habilidades médicas que había adquirido, comenzó el estudio de otros sistemas de curación que lo llevaron a la India y China. Es a fines de los años 50 que plasma los principios de esta Terapia. Trabajó más de 60 años siempre experimentando con innumerables dietas, programas de ejercicios y métodos terapéuticos, siguiendo una constante investigación por las maneras más eficaces de conseguir y mantener la salud.

La Terapia de la Polaridad es mucho más que una simple serie de técnicas y manipulaciones físicas, ya que la visión de salud y entereza implícitas engloba un desarrollo personal continuo y un conocimiento propio en aumento, como requerimientos fundamentales, tanto para el paciente como para el terapeuta.

Por un lado se tienen en cuenta principios vitales, energéticos y leyes naturales de aplicación universal, y por otro lado se utilizan técnicas, métodos y pautas terapéuticas específicas, incluyendo la dietética y la nutrición, posturas “stretching”, ejercicio físico, roles a tener en cuenta en el estilo de vida y pautas de pensamiento individuales.

Además de la anatomía y fisiología ortodoxas, se dirige la atención a una anatomía “energética” del cuerpo humano, intentando liberar y equilibrar aquella que no fluye correctamente produciendo dolor y enfermedades. Este proceso permite que las energías vitales cometan la terapia que sea necesaria, si el paciente coopera.

La vida es un misterio. Una esencia espiritual que proviene del Universo, del creador, cuya forma más refinada es el Ki, Chi o Prana y es la fuente vital del cuerpo. En las líneas de fuerza que genera un átomo no hay “cables” conductores, sino una energía inalámbrica, tan real como todo aquello excesivamente material.

La Terapia de la Polaridad se basa en que en el cuerpo humano existe un modelo de energía que forma una matriz, que el cuerpo utiliza cuando se cura a sí mismo. Esta estructura invisible es la energía vital que permite todas las diversas funciones fisiológicas. Si aparece una enfermedad, ésta se distorsiona y el proceso de curación comienza reparándola utilizando técnicas a tal respecto.

Llevado a la práctica, influenciamos en la energía utilizando siempre contactos bipolares, es decir, dos contactos simultáneamente sobre el cuerpo del paciente, que pueden ser las manos, los dedos o alguna combinación de ambos.

Cada parte del cuerpo tiene una triple relación con otra parte, lo cual significa hablar de un polo positivo, otro negativo y uno neutro. Las áreas superiores son más positivas que las inferiores, y también existe una relación entre los pies (que se consideran polaridad negativa), las manos (neutro) y el cuerpo (positiva).

Si tomamos como ejemplo un imán, sabemos que la energía fluye de un polo a otro a través del polo neutro. Si lo cortamos por la mitad cambiamos los polos y creamos otro imán completo, pudiendo repetir este procedimiento y obteniendo siempre el mismo resultado. En el cuerpo humano hay millones y millones de átomos y cada uno de ellos actúa como un imán con sus tres tipos de polos. Pues colocando nuestras manos sobre zonas prescritas del cuerpo logramos redirigir el flujo de energía hacia el lugar donde se necesita, creando nuevas corrientes que aparecen por la unión de dos polaridades diferentes que pueden tomar diversas direcciones, dependiendo de dónde pongamos las manos.

El proceso a través del cual se generan estas corrientes se llama inducción. Nuestras manos actúan como fuentes generadoras de un flujo a través del circuito cerrado o de las corrientes inalámbricas. Esto permite a todas las partículas y células del cuerpo, atraer lo que necesitan para funcionar correctamente.

Pero como comentaba en párrafos anteriores, esta terapia no sólo se trata de manipulaciones físicas (tremendamente efectivas si las tomamos aisladamente como una de sus partes), sino que para lograr que nuestro cuerpo esté en las mejores condiciones de salud tenemos que incluir ejercicio, dieta adecuada, sin olvidarnos que la mente forma parte del “ser” y si no la utilizamos en positivo, estamos frenando el buen fluir del Ki, energía universal y fuente de vida.

Cuando mis alumnos llegan a este tema, en la primera clase realizo una manipulación sencilla que no lleva más de 4 minutos, habiendo obteniendo “siempre” un resultado en el momento, lo cual habla de las bondades de esta terapia.

Si bien este programa sanitario señala una forma de vida, quien lo necesite para mejorar su salud, sin lugar a dudas le producirá cambios benéficos sustanciales.

Podemos ver en la figura superior, una parte del circuito de las corrientes inalámbricas, donde la energía vital fluye verticalmente, horizontalmente y en espiral desde arriba hacia abajo y desde el centro hacia fuera, y actúa a través de cinco óvalos de campos modélicos etéreos, con seis centros regidores conectados por medio de un eje central. Cada vórtice que se forma en el centro de los óvalos (chakras) es neutro debido al paso de la corriente del caduceo.

Para una comprensión apropiada de la Terapia de la Polaridad, sería necesario muchas páginas y trasladarlas a la vida práctica, pero el primer concepto es que no trata a la enfermedad, sino que atiende la fuente que genera salud en la persona.