A través de la historia y gracias a la división del trabajo entre las manos y los pies, el hombre culminó su gran proceso de evolución. La maravillosa obra maestra que son las manos no sólo muestran una estructura incomparable, sino que también se mueven, trabajan en forma coordinada y tienen la capacidad de crear. La mano al igual que el cerebro es un importante órgano del ser humano y, como órgano de trabajo, lo pone por encima de las otras especies.

Éstas son parte de las formas más sensibles. Incluso hay una indiscutible interrelación entre ellas y las características y enfermedades de la persona. El grosor, el tamaño, el color, el largo y la forma de los dedos, la dirección y la distribución de las líneas de la palma, nos informan sobre la psicología, la fisiología y la patología. El descubrimiento de estas formas nos permite elaborar un diagnóstico que abarca no sólo enfermedades del organismo sino también relaciones con el código genético, el temperamento y las tendencias naturales que tendrá ese individuo. Así como el cuerpo humano es un microsistema dentro del entorno universal, también es un macrosistema cuyos subsistemas están interrelacionados e influyen unos sobre otros.

Acostumbramos a utilizar las diferentes partes del cuerpo porque nacemos con ellas, pero no siempre nos detenemos a investigar sus propiedades. Esto hecho produce que cualidades naturales que nos regala la naturaleza o Dios, queden escondidas tras el desconocimiento de muchas de ellas.

Si observamos la estructura anatómica de las manos con sus 27 huesos, 19 músculos y otros 20 provenientes del antebrazo, su circulación sanguínea potente y segura, y la inervación motora y sensitiva, nos damos cuenta que son capaces de realizar toda clase de movimientos finos. Además, su sentido de tacto es más rico que otras regiones dérmicas del cuerpo. No sólo es un instrumento de protección, sino que también es una de las primeras partes en conocer el mundo exterior.

Esta es la herramienta que más se utiliza en las manipulaciones de de técnicas abocadas a la médicina. La Naturaleza nos ha dotado de un excelente instrumento natural, que de no aprender la utilización de sus bondades, estaríamos desaprovechando tan inmenso regalo. Lo que imaginamos con la mente lo creamos con las manos. Estas y el cerebro se complementan. Cuando disminuye la capacidad cerebral (apoplejía) disminuye también la movilidad de nuestras manos.

Las manos son un microsistema así como hay otros (los pies, la oreja, la lengua, el iris del ojo, y otros), que nos brinda la posibilidad no sólo de diagnosticar sino de tratar dolores o patologías.

El efecto que produce el estímulo sobre las zonas reflejo es crear las premisas necesarias para normalizar el mal funcionamiento del algún órgano afectado. En forma muy similar que la reflexología podal, en la reflexología de las manos las zonas reflejas representan órganos, vísceras y zonas del cuerpo humano, y su tratamiento atraviesa las barreras del cuerpo, logrando equilibrar emociones nocivas.