Todos nacemos con la cualidad de poder aliviar o sanar a través de nuestras manos, y se conocen cientos de formas y métodos para dichos fines. Unos más conocidos o popularizados que otros. Desde el año 1989 comienzo a practicar trasmisión de energía a través de la palma de la mano, y si bien tenía buenos resultados, no estaba del todo conforme con los conceptos que me explicaban. A raíz de esto, con los conocimientos adquiridos hasta el momento y siguiendo los pasos ya trazados, continuo mi camino según cuento a continuación.

Cuando cada ser humano cierra los ojos y se encierra en sí mismo sin dar lugar a nada fuera de su propio cuerpo y su propio yo, surge el individualismo. Esto nos da la percepción de estar solos, aislados, en un planeta solitario. Sin embargo me puedo dar cuenta que esta visión del mundo y de nosotros mismos es de lo más destructivo, y considero que sea la causa de los mayores problemas en el planeta. Ese paradigma está equivocado, no estamos aislados, sino que todos somos uno, al nivel más elemental de nuestro ser. En nuestra existencia como seres humanos, parecería que viviéramos en más de una realidad: la realidad de lo que vemos, la realidad atómica y la realidad sub-atómica. Pero resulta difícil tener la suficiente claridad como para entender, y más aún sentir, que lo más micro de mi cuerpo, como puede ser el átomo, tiene su sistema, su propia fuente de energía y su forma muy distinta a mi estructura macroscópica como lo es mi cuerpo. Sin embargo mis átomos, así como mi sangre, mis órganos y mi pensamiento: somos uno, forman mi ser. En esta verdad existe indefectiblemente una conexión invisible a nuestros ojos.

En 1974, cuando comienzo a practicar Aikido, un Arte Marcial, me enseñan que la palabra Ki significa algo más que energía: “el Ki no sólo forma parte de mi cuerpo sino que es el conjunto infinito de partículas infinitamente pequeñas y la unidad básica del Universo, y que todo lo que existe está compuesto en última instancia de Ki”(Sensei Koichi Tohei). Esta concepción que tiene la sabiduría oriental desde hace miles de años es con la que se maneja la física moderna, cuya opinión consiste en que el concepto de solidez es falso. Las paredes sólidas no son reales, son pura energía, pero como los átomos se mueven tan rápidamente, a través de la utilización de los cinco sentidos, obtenemos la sensación de solidez. La única forma de evolucionar es ir más allá de nuestros sentidos, ya que lo que llamamos realidad está filtrado por los mismos, y más aún cuando en la educación primaria y secundaria de la mayoría de los países está estructurada para desarrollar el lado izquierdo del cerebro y no se da mucho lugar al otro hemisferio.

La vida en sí misma es un fenómeno electromagnético, donde cada átomo de cualquier materia constituye un pequeño imán, con su correspondiente campo magnético. Estos biocampos son la fuente de todo sistema biológico, manteniendo y ordenando las funciones que le permiten su existencia. El biocampo del ser humano está formado por la actividad química del cuerpo, la mente, las emociones y la interacción entre ellas.

Siguiendo las huellas dejadas por la civilización oriental, comenzando con las enseñanzas de O-Sensei Morihei Ueshiba (creador de Aikido), y basándome en que la estructura etérica del ser humano es un conjunto de energías en diferentes estados, en distintos lugares, con diferentes funciones pero todas interactuando entre sí, generando un campo electromagnético que se extiende a su alrededor y recibiendo influencias de otros campos de todo tipo, comienzo a sensibilizar mis percepciones y a practicar lo que se llama: expandir el Ki. Estas prácticas van dirigidas a lograr un mayor fluir de la energía cósmica que nos rodea y alimenta, y es sinónimo de aumentar la calidad de vida, mejorando la autoestima, equilibrando las funciones fisiológicas y potenciando las autodefensas naturales.

Sabiendo que todos nacimos con las cualidades naturales de poder dirigir conscientemente nuestro biocampo hacia una zona específica, logré aplicar técnicas terapéuticas utilizando este medio. Las respuestas confirmaron la teoría. No sólo el paciente durante una sesión percibe de diferentes maneras la emanación de esta forma de energía, sino que se concretaba una mejoría más rápida de su salud, desde el punto de vista físico y espiritual. Hoy en día en el Instituto, veo reflejado en los pacientes que atienden mis alumnos y también en ellos, los mismos resultados de mis experiencias, lo cual corrobora la efectividad práctica del método.

Resultados como por ejemplo: aliviar dolores de diversas patologías; actúa sobre procesos inflamatorios; acelera enormemente procesos de cicatrización; alivia las contracturas musculares; los dolores reumáticos; las lumbalgias; las contusiones; esguinces; tendinitis, y entre otros tantos y tantos efectos sobre el cuerpo físico, hay un alcance mucho más sustancial, llegando a equilibrar las energías desorganizadas, atendiendo la fuente generadora del biocampo del paciente, o sea aumentando su fluir del Ki, a través del cual se producen cambios en esencia, desde lo más micro hasta lo macro: cambios físicos, emocionales y espirituales.

El camino comienza aceptando la realidad de la existencia del Ki, ya que en algunas actividades hay ocasiones que no obtenemos los resultados esperados sólo por no creer que ello sucederá. La unificación de la mente y el cuerpo constituye los cimientos de este desarrollo, existiendo una íntima relación entre ambas realidades, a tal punto que una persona con pensamientos positivos indefectiblemente vigorizará su salud (acostumbro decir a mis alumnos: “detrás del pensamiento va la energía”). Los síntomas de una enfermedad son señales exteriores de un desequilibrio en este flujo energético, cuya causa radica en las interacciones con los demás, con las cosas y con el Universo.

Es admirable la efectividad de esta técnica cuando hacemos Senki Kami a distancia. Más aún cuando lo hacemos en grupo. Y una de las cosas que fortifica, y nos da mucha fe y esperanza a todos, es cuando a través de un sencillo mensaje de texto solicitando Senki a distancia para algún familiar o conocido con cierto apremio en la salud, o pronto para una operación quirúrgica, en pocos minutos hay más de cincuenta compañeros, cada uno desde su lugar, con esa intención y ya actuando para ello. Si bien ya somos más de 400 en el país. Los profesionales de la salud, en más de una ocasión (muchas más), quedan “sorprendidos”, y a veces sin encontrar una razón, por la evolución positiva que tiene su paciente, al que le hicimos Senki a distancia.

Sería imposible explicar en estas páginas todos los pasos a seguir para llegar a efectivizar este método, pero lo más importante a saber, es que quienes transitan por este camino y logran obtener sus bondades, tienen que tener una actitud acorde a la Ley del Universo que es el Amor. Y cuando digo amor (como lo comento en los consejos que doy en esta página web), no me refiero a un mero romanticismo ni solamente a una actividad sexual, sino a ser honesto, a pagar un sueldo digno a quien lo merece, a dar un reconocimiento a quien se lo ha ganado, a encarar las responsabilidades asumidas, a dar una mano a quien está al lado, a enaltecer al ser humano tomando actitudes de vida donde se prioricen los valores humanos. Amar, es una decisión. Decidirse a tomar una actitud de vida concreta, no es una utopía, o una palabra vacía que aparece escrita en algunos libros.

La intención de nuestro pensamiento es la fuerza impulsora que genera un orden, un equilibrio, una energía organizada. El medio que más utiliza el terapeuta frente al paciente es la mano, actuando como una lente de aumento que permite focalizar y direccionar la energía cósmica, la expansión del Ki, hacia una zona en particular, pero la única herramienta es la intención, ya que el instrumento es el hombre mismo.

Si encaramos la vida intentando que nuestra mente esté lo más en calma posible para lograr una

buena unificación, tomando el lado positivo de las cosas y con una actitud acorde a la Ley que rige

el Universo, posicionar la palma de la mano y trasmitir una energía organizada, es una sola cosa.

Los resultados de mi método, luego de 29 años de atención en consultorio, sobre la estructura terapéutica basada en la aplicación de los criterios de diagnosis y tratamientos que utiliza la Medicina Oriental, entendiendo que no existe una buena Medicina si no hay una buena interacción con el paciente, jugando un papel insustituible el diagnóstico a través del escuchar, preguntar, observar y palpar, ya que cada ser humano es único, original, con una historia pasada y presente que lo hace irrepetible y distinto a cualquier otro semejante, no sólo le brinda al terapeuta una indiscutible mejor calidad de vida gracias a la expansión de su Ki, sino que acelera cualitativa y cuantitativamente el proceso de lograr la salud del paciente, traspasando en forma natural las barreras de la enfermedad para llegar más al enfermo, que es quien nos interesa.

La Medicina no nace por sí sola, es el hombre quien la forma y marca sus pautas,

y quien no se da cuenta que elegir este camino es optar por amar, se equivoca.

Prof. Ernesto Iraola