La aplicación de los imanes en forma terapéutica produce efectos antinflamatorios, antiedematoso, analgésico, aumenta la actividad inmunológica del organismo, regula las funciones del sistema nervioso autónomo, activa la circulación sanguínea y linfática y otros tantos, y su aplicación abarca un amplio espectro de dolores y patologías atendiendo la parte orgánica y también la emocional. Entre ellos se encuentran: dolores de columna, rodilla, codo, muñeca y varias zonas del cuerpo; tendinitis; espasmos musculares; síndrome del túnel carpiano; dolores de cabeza; sinusitis; dolores reumáticos; inflamación de garganta; irregularidades menstruales; problemas en la piel; alergias; asma; retención de orina; ayuda en los estados de estrés, ansiedad y muchas otras situaciones que desequilibran la salud.

Es muy importante conocer los métodos de aplicación de los imanes, la potencia (gauss) y el tiempo de colocación de los mismos para cada situación, así como tomar los recaudos pertinentes con personas que tienen marcapasos, incrustaciones metálicas, mujeres embarazadas o con espiral de cobre, epilepsia y otras situaciones que puedan generar contraindicaciones en el caso de no tener un conocimiento profundo del tema.

Esta terapéutica es cómoda y sencilla de aplicar, ya que se coloca el imán (o los imanes) directamente sobre la piel del paciente en las zonas correspondientes y con la polaridad debida según sea el dolor o la patología, por un período de tiempo que generalmente oscila entre los 15 y 50 minutos.

La existencia del magnetismo se conoce desde tiempos muy antiguos. La magnetita o piedra imán era utilizada por los chinos, griegos y romanos. El imán es un objeto que puede producir un campo magnético y atraer al hierro, y está polarizado, es decir, cada uno tiene dos partes o extremos llamados polos norte y sur. 

El planeta Tierra se comporta como un gran imán produciendo el magnetismo terrestre que la rodea en su totalidad cuyo polo sur está muy cerca del polo norte geográfico y viceversa, y su valor medido de la inducción magnética apenas alcanza 0,3 a 0,6 gauss. Todos los planetas tienen su propio campo magnético en mayor o menor grado, y si tomamos en cuenta cualquier sustancia existente, cada átomo, constituye un pequeño dipolo magnético (unidad elemental) en el que contribuyen el movimiento de los electrones y el espín de los mismos, y si se le coloca en un campo magnético, esta sustancia se magnetiza, es decir, todos sus dipolos elementales se modifican y se orientan por la presencia del campo.

De lo antedicho se deduce con facilidad que en la naturaleza cada ser vivo está sujeto a la influencia del campo magnético, incluso se ha llegado a plantear que “la energía magnética es la energía elemental de la cual depende la vida del organismo”. 

Su desarrollo está indefectiblemente ligado a las radiaciones magnéticas y tanto las plantas como el hombre y los animales son afectados, para bien o para mal, por este fenómeno, el cual es prácticamente inevitable. Evidentemente que es muy importante conocer de qué modo influye el campo magnético (y electromagnético) sobre los seres vivos, en primer lugar, pero también conocer cómo podemos manipular al mismo y obtener beneficios de sus propiedades, ya sea por aplicación directa, o por el desarrollo de sistemas y equipos que mejoren la calidad de la vida.

Las más recientes investigaciones acerca de esta influencia sobre los organismos vivos han despertado nuevas expectativas sobre el papel que puede jugar en la medicina clínica. 

El cuerpo humano es un verdadero universo de interacciones electromagnéticas dinámicas y las mismas tienen importancia fundamental en la fisiología de los organismos en conjunción con los aspectos biológicos a ella asociados. Por ejemplo, hace más de 20 años se demostró que hay un campo magnético asociado a las ondas cerebrales, muy débil, específicamente de ondas alfa y delta, y otras similares se encuentran igualmente asociadas al corazón humano. 

La importancia fisiológica de este campo en la regulación de la estructura y función de los tejidos y células del cuerpo humano ha sido verificado en numerosas ocasiones por trabajos investigativos desarrollados con este fin siendo fundamental para el mantenimiento de la integridad estructural y funcional del tejido humano, las células y los genes. 

De esta manera tomando en cuenta que estas fuerzas pueden regular estructuras moleculares e interaccionan indefectiblemente con el ser humano, nace el tratamiento con los campos magnéticos generados por imanes creados con fines terapéuticos, que han brindado (y siguen haciendolo) excelentes resultados con cortos plazos de tratamiento y sencilla aplicación.

En estos momentos estoy utilizando los imanes permanentes (así se llaman por sus particularidades) que me obsequiaron los científicos cubanos en Agosto 2006 cuando tuve la oportunidad de brindar una conferencia en un Congreso Internacional en La Habana .